Un mes antes de regresar a México inicié un experimento social. La premisa era que volver a México implicaba volver a ver gente que ya conozco, que ya sé como piensa, que ya sé que opinan y que ya sé como reaccionan. No quería entrar en un juego de confirmation bias porque de otra manera solo iba a alimentar las pre-concepciones que tenía hacia mi país, tanto las positivas como las negativas.
La visita requería conocer gente nueva, gente que me contara su punto de vista, sus experiencias, lo que tenían que decir de su gente, de su ciudad, de mi ciudad.
Un dilema asociado a mi experimento social es que no conocía a nadie fuera de mi circulo social y tampoco podía llegar del aeropuerto saludando a extraños a diestra y siniestra. Qué clase de psicópata hace eso en pleno 2022?
Ese mismo dilema aplica a un abordaje digital, mandar solicitudes de amistad en Facebook, o seguir extraños en Twitter no eran opciones viables. Quién en su sano juicio esta dispuesto a exhibirse en redes sociales con la intención de entablar conversación con perfectos extraños? La respuesta: gente que usa aplicaciones de citas.
Muchos de los problemas en México tienen un origen en las dinámicas de poder que vienen impuestas con nuestra cultura. Sea que vengan de religión, valores familiares, tradiciones, y un largo etcétera.
Muchas de esas dinámicas de poder se pueden resumir como machismo, aunque siento que estoy mencionando lo obvio.
Culturalmente e incluso biológicamente, los que portamos cromosomas XY traemos pre-cargada una actitud de hiper competencia y de rivalidad implícita, la cual no me es ajena pero no por ello me es menos incómoda.
Admitidamente no disfruto la compañía masculina, mucho menos al estar consciente de que una buena parte de los problemas en México son causados, propiciados y, tolerados por banda con cromosomas XY.
Volviendo al experimento social, pensé que un abordaje interesante sería usar Tinder para ver a México a través de los ojos de morras que estaban abiertas a la conversación, una conversación respetuosa, informativa y desde luego amena.
En mi perfil fui muy claro, sólo iba a estar en México hasta el 28 de octubre, no buscaba una relación ni un acostón, sólo quería hacer las pases con el país.
Kristal fue la primera en responder, pero claramente no leyó mi perfil, en algún momento me dijo Eres muy bueno ligando... y yo... okay, next.
Alejandra fue la siguiente en responder, le entró al proyecto y de ella se tratan estas líneas. Ale es una química que trabaja en logística, una morra ciclista, guapa, divorciada y con excelente plática.
Fue la persona que me dio santo y seña de como y por qué el país estaba simultáneamente bien y mal. Su grupo @morras_cycling_club promueve el ciclismo para mujeres como un espacio seguro de integración y por qué no?, para hacer ciclismo. Ale se ganó el premio a La morra más inspiradora y con muchísima razón, su kilometraje, su integridad, su persona, son dignos de admirarse, y muchas morras al voltear a verla podrían preguntarse: Y si le entrará al ciclismo? Misión cumplida
Ale me contó muchas historias de la gran ciudad, y me dio la vuelta por la colonia Roma y la colonia Condesa, cuna del privilegio invisible en la ciudad de México. Sin duda un lugar deseable para vivir, pero no tan diverso para reflejar lo que pasa en el resto de la ciudad, muchísimo menos para reflejar lo que ocurre en el resto del país.
Fuimos a comer a un restaurante moderadamente fifi en donde una persona en condiciones precarias se acercó a pedirnos una limosna.
Optamos por comprarle una hamburguesa y al parecer le hicimos el día. Ale me comentaba que el riesgo de comer fuera es que constantemente podrías ser interrumpido por morros que venden dulces, gente pidiendo limosna y el ocasional artista callejero.
Lo anterior hace que la gente decida comer en el interior de los restaurantes para cerrar los ojos ante los problemas de la ciudad. Los buenos somos más, dicen. Si bien comer dentro de un restaurante para evitar ser interrumpidos por la gente con menos privilegio no era una mala acción, definitivamente no era una buena acción.
Ale nunca tuvo empacho en darle su hamburguesa a la señora, ni tampoco en darle cincuenta pesitos al guitarrista que amenizó nuestra pizza y chelas. Ale es de la buenas, pensaba, y su labor altruista respaldaba mi apreciación.
Las dinámicas de clases sociales han tenido cambios importantes, aunque marginales en el gran esquema de las cosas. En los 80, la ciudad de México no era tan poblada, los crímenes y las condiciones precarias siempre han estado presentes, pero en la sobre poblada ciudad de México de 2022, las cosas malas son más visibles aún.
El cambio de aires ha sido para mi un constante, crecí en Ecatepec (ya sé), viví en la ciudad de México, luego en Irapuato, de vuelta en Ecatepec y finalmente en Cambridge, esta vez volvería a cambiar de aires, ahora volviendo a Ecatepec, por lo menos temporalmente.
Tras una cita en la colonia Roma, regresar a Ecatepec requería pedir un uber, cuyo conductor se la pensaría dos veces antes de aceptar un pasajero que iba a pinches Ecatepec, y se la pensaría aún más al ver la hora a la que regresaría. Después de media hora de esperar, llegó nuestro valiente conductor que me llevaría al municipio violento por excelencia.
En el camino pensaba en lo que pasó ese día. Ale fue una gran compañía, soy fiel a mis principios e iba con la intención de explorar, no de entablar relaciones. Ale es una morra de la que ciertamente puedes enamorarte, pero como dije, nunca fue esa mi intención.
Cuando leas esto, Ale, mil gracias por una cita muy chida, por prestarme tus ojos para ver la ciudad de México como el complejo laberinto que es y por mostrarme que hay banda muy buena en México.
Comments
Post a Comment