Como profesor, una de las satisfacciones más grandes que puede haber es ver a los alumnos desarrollarse por si mismos y en un momento dado, ver el momento en el que te superan.
La bio informática es una rama bastante joven, o al menos lo era en 2011 cuando comencé a practicarla en serio. De forma coincidente, en 2011 no había ni muchos profesores ni muchos alumnos, de modo que era relativamente fácil encontrar un nicho mayoritariamente inexplorado en la ciencia en México... en 2011.
En 2020 las cosas habían cambiado mucho, ya existían carreras completas dedicadas a la bio informática, cursos básicos, intermedios y avanzados, impartidos por universidades y empresas por igual. Si bien seguía siendo inusual encontrar bio informáticos en México, ya había más y más de esa especie novedosa.
Un día, Dafné me compartió un tweet que decía en tono mamador que en México puedes ser el mejor, pero en el extranjero solamente eres uno más, lo que es tristemente cierto pero con sutilezas.
Cada año me toca ser profesor asistente en bioquímica para las clases de análisis estructural de proteínas y, control metabólico in silico.
Cuando veo el tipo de preguntas que le hacían a los estudiantes de University of Cambridge, no puedo evitar sino recordar que mis maestras de bioquímica, María Elena y Queta, me enseñaron lo suficientemente bien para contestar los exámenes en Cambridge
Puedo decir con confianza que un alumno que haya aprobado bioquímica en ENCB (o en otras universidades del país), podría sin mayor problema aprobar los exámenes que les aplican a los alumnos de University of Cambridge (est. 1209).
Por qué entonces uno tiene esa sensación de ser uno más aquí en el Reino Unido, cuando en México podría ser de los mejores? Parte de la respuesta está no en el talento, sino en las oportunidades. En tierra de ciegos, el tuerto es rey rezaba ese dicho popular, la realidad es que en México, al no haber tantos bio informáticos, es relativamente fácil echarle ganas y sobresalir. Contrastando, en Cambridge hay muchos bio informáticos, y está bien; y las cosas son ultra competitivas, y está bien, y es sano, pero sólo hasta cierto punto.
En México somos tan malinchistas como en reino unido son colonialistas, tanto en ciencia como en tecnología. En ambos países es generalmente aceptado que lo que viene del primer mundo, es mejor. Eso es algo con lo que no estoy de acuerdo, pero esta historia no es de mi, ni del Reino Unido, la historia se llama Alison y de Alison vamos a hablar.
Alison se inscribió al curso de variantes genéticas -el código de barras a nivel genético de un humano- que impartimos en ATG en enero de 2021. Una alumna destacada que sin duda conmovió a propios y extraños cuando al final del curso nos entregó las notas que había tomado y que consideró podrían ser de ayuda para los demás asistentes por si requerían repasar, y para los profesores en caso de que quisieran abordar algunas áreas de oportunidad. Tras bambalinas, Diana y yo pensamos que Alison sería una gran adición al equipo y vaya que lo fue.
Todos sabemos que los papás dicen que no tienen un hijo consentido, y todos sabemos que mienten. Alison no es mi hija pero no negaré que es mi consentida, en parte por lo que hizo durante el curso, pero además porque a lo largo de su estancia en ATG, ha demostrado capacidad e iniciativa, paciencia y una brújula moral bien calibrada, muy en sincronía con lo que representa ATG. Aclaro que si bien es mi consentida (mía de mi), no hay para con ella un trato especial dado que a diferencia de una familia, en una empresa debe prevalecer la ética, además de que los demás integrantes tienen los mismos valores, con sabor y estilo diferente pero los mismos valores a final de cuentas.
El día del taller de Women in Bioinformatics and Data Science Latin America, Diana y yo planeamos que Alison brillara con su audiencia enseñándoles lo que había aprendido en el curso de llamado de variantes.
Ahora estaba del otro lado del salón de clases, enseñando, y la banda la recibió muy bien.
De modo celebratorio, Diana, Alison y yo decidimos ir a un viñedo en Querétaro, sin duda la experiencia más whitexican que he vivido, pero ahora vivo en Europa, así que eeeeequis.
En el viñedo platicamos por horas acerca de todo y de nada, era como una reunión de mini empresarios que se estaban metiendo de lleno en el futuro de la ciencia médico-genómica, de habernos acompañado Melania Abreu -saludos Mel-, no habría sido una reunión, habría sido la reunión.
Pese al buen rato que pasamos, al terminar nuestra experiencia whitexican, quedé con un sabor bastante agridulce con respecto a Alison, y es que esta mujer tan chingona como es, tiene un defecto del que muchos sufrimos: el síndrome del impostor.
Desde muy morrita, Alison estuvo haciendo ésto y aquello, yendo a estancias de investigación, veranos en los que pudo haber estado perdiendo el tiempo jugando videojuegos... y sin embargo decidió pasarlos cultivando su intelecto.
En México es muy prevalente el fenómeno en el que alguien que se sabe inteligente más pronto que tarde se convertirá en un mamonazo de primera -saludos al Vic de 2009-.
No era el caso de Alison, con una personalidad bastante pícara pero servicial, parecía romper el molde... o más bien su impostor no le permite ver todo el talento que tiene. Y eso es probablemente, un tema que valga más la pena abordar que el de sentirse uno más en el extranjero y no así en casa.
En México ser científico no es fácil, por lo menos en el área biológica nos enfrentamos a un sinfín de obstáculos:
No hay recursos para capacitar a los estudiantes
No hay recursos para comprar equipos
No hay recursos para comprar reactivos y consumibles
Cuando hay recursos, se destinan a comprar equipo y reactivos, los cuales pasan mucho tiempo en aduanas y encima de todo, los agentes aduanales no saben cuan sensible puede ser un reactivo.
No es culpa del agente aduanal, él sólo está haciendo su trabajo, siguiendo ordenes, protocolos no actualizados y navegando en el océano de corrupción que impera en las aduanas de México y el mundo.
Al buscar artículos científicos en bases de datos, tenemos que pagar cantidades desorbitantes de dinero para ojear seis a diez páginas que describen una metodología que no podemos implementar sin gastar una cantidad aún más desorbitante de dinero en equipo y reactivos.
En academia es normal que se cometan errores, en donde trabajo tenemos un dicho que dice: Errors are expected, respected, inspected and corrected.
En México podría ser igual, a menos que el error cometido resulte en que te acabaste el reactivo que pediste, y cuyo remplazo tardará tres meses en llegar. Si ya cometiste un error, vale más no cometer uno más, porque entonces, potencialmente ya se te acabó el semestre, y con él, tu oportunidad de tener un resultado que reflejará el progreso de tu proyecto de investigación.
El síndrome del impostor no es de a gratis y las morras no la tienen más fácil, el ambiente de acoso y violencia que viven día a día y que permea incluso en los sectores más educados, hacen que decidir ser científica, literal sea una carrera contra todo y contra todos.
Los mexicanos son, pese a nuestra fama de flojos, muy versátiles, creativos y resilientes. Como se pueda, se van formando día con día científicos que de a poco podrían cambiar el mundo. Lo anterior con menos del 1% del producto interno bruto (cifras oficiales del gobierno federal), un porcentaje que nuestro actual presidente quiere bajar a como de lugar -gracias Jos-.
Alison, con el talento, empuje y dedicación que tiene, no es sino el reflejo de lo que está ocurriendo en todo el país, a nivel trans generacional: no es capaz de ver todo el talento que tiene. Y como Alison hay y habrá muchas más, contadoras, arquitectas, médicas, psicólogas, químicas, y un largo etcétera.
México es probablemente uno de los mejores ejemplos de que en tierra de ciegos, el tuerto es rey, nuevamente, no porque no haya talento, sino porque las circunstancias en las que vivimos día con día, nos siguen orillando a crecer, aceptar y convencernos de que lo que hacemos no es relevante, y que afuera hay más talento, y que nunca vamos a lograr tener el nivel de ciencia que hay en otros lugares, como en, no sé, se me ocurre Reino Unido.
Podemos tener ese nivel de ciencia, el talento ya lo tenemos, falta apoyo, falta que el gobierno (del color que sea), apoye a la ciencia, a la educación, a la innovación. Lamentablemente el apoyo por parte del gobierno se ve cada vez más y más lejano, cada vez más chiquito... en tierra de ciegos hasta el tuerto no ve lo que cada vez se va haciendo cada vez más invisible.
En el posgrado en México tenemos una frase de amor duro que dice así: El estudiante debe ser capaz de sacar adelante su proyecto, con el asesor, sin el asesor, y a pesar del asesor.
La ciencia en México, vista a través de los ojos de Alison, y de todas las Alison que hay en tantas instituciones educativas, serán las que lleven esa frase a un límite que es incluso difícil de redactar: La ciencia en México progresará, con el gobierno, sin el gobierno, y -tristemente de forma enfática- a pesar del gobierno.
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