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... but home is nowhere

Nunca me ha gustado extrañar, es un sentimiento muy complejo y complicado para mi. Remigio, Paco, Heraclio, Imelda, Herón, Julia, Rogelio y Guadalupe fueron parte de mi vida, los recuerdo siempre y siempre con una sonrisa por todo el legado que dejaron, bueno y malo. Sueño con ellos, les hablo en mis sueños y les abrazo tanto como sea posible.


Al termino de la visita a México cumplí mi misión de reencontrarme con mi país, mi gente, mi ciudad, mi familia y por qué no? hasta con viejos amores.


Eso no quita que extrañara el Reino Unido, mi casa, mi espacio, mis bicis, mi bosque, mi ciudad, mis amigos. Pero sé bien que todo ello es temporal.


Cambridge tiene un efecto interesante en la gente, la mayoría de los que habitamos aquí lo tenemos siempre presente aunque en silencio: Todo aquí es temporal, tus estudios universitarios, tu posgrado, tu contrato postdoctoral, y hasta tu nueva startup.


Las personas que conoces hoy, en cinco años estarán al otro lado del mundo, haciendo ciencia, arte, arquitectura, economía y un largo etcétera.


Jan partirá a República Checa en el verano de 2023, Girish irá a Newcastle en Septiembre de 2023. Sara, Thomas, Qiongqiong, Scott, Ludek, todos son mi familia actual, pero eventualmente tomarán su camino, las despedidas serán inevitables, y aunque hagamos de cuenta que no, serán emotivas, y en algunos casos incluso dolorosas.


Mi casa, mi ciudad, mi bosque, mis bicis, mis amigos, todo eso será diferente en cinco años… o quizá no.


La temporalidad de los contratos, la volatilidad de los mercados, la oferta y demanda de bio informáticos, la crisis climática, la crisis de vivienda, la falta de una pareja estable, mi inconformidad siempre presente y mi inhabilidad de echar raíces, hacen que cada sitio sea un hogar temporal, al que uno ama, al que uno agradece, y al que en la medida de lo posible, uno trata de retribuirle.


Por el tono de los relatos en esta colección podría pensarse que México es un país por el que tengo más sentimientos negativos que positivos, y aunque en esencia eso no es falso, reconozco que como México no hay dos, para bien y para mal.


Cuando era un morrito, era sumamente feliz y extrovertido, nadie me paraba la boca, fuera para hablar, cantar silbar y pedirle chicharrón al señor de la carnicería. Lejos han quedado esos años en los que podía decir que fui feliz plenamente.


En México desde muy pequeños nos auto inculcamos la falsa idea de que ser rico es mejor que ser pobre, no importa cuanto romanticemos la pobreza. Mi mamá nunca quiso que mi hermano y yo perteneciéramos al barrio de Santa Clara, desde muy morritos nos fue metiendo, si acaso de forma poco ortodoxa, la idea de sobresalir a como diera lugar, y eso puede llevarte por caminos tortuosos.


En 1995 me mandó a la ciudad de México a estudiar la secundaria, en la mente de mi mamá, estudiar fuera del estado de México era un símbolo de progreso, de no estancarse. Nadie me dijo que yendo a la ciudad de México me discriminarían por mi color de piel, por mi estatura, por ser gordo, por mis gustos musicales. Nadie me dijo que sería víctima de un ataque sexual por un chiquillo de 13 años…


En la vocacional, habiéndole dado reset a mi vida, decidí no ser la víctima esa vez, pero no conocía otra dinámica, la ciudad de México es una jungla, mata o muere. Yo fui la presa por mucho tiempo y esta vez iba a ser yo quien dominara, y con muchos remordimientos, participé en el bullying colectivo que le hicimos a alguien que no lo merecía.


En la universidad las cosas cambiaron, pero ser introvertido no era un rasgo que yo haya adquirido gratuitamente, sabía que no quería interactuar con la gente por temor a que fuera a ser lastimado, o a yo lastimar a la gente.


Si bien era un buen estudiante, mi síndrome de impostor nació y creció en la universidad, participar en clase, responder preguntas, y ser activo en las sesiones de laboratorio hacían que mis profesores tuvieran altas expectativas de mi, se volvió muy común que mis profesores al termino de cada semestre me dijeran que esperaban más de mi. Al día de hoy sigo temiendo decepcionar a la gente, aunque sé bien que puedo trabajar duro para no hacerlo.


Arturo, Chayo, Claudia, y muchas personas más se encargaron de que la vida en la universidad sanara muchas heridas, y que se abrieran otras más, usualmente asociadas a dinámicas de poder, clasismo, colonialismo, sexismo, todos los ismos que se imaginen.


Nunca dejó de ser prevalente el clasismo en nuestra escuela, hablar con cierto acento, usar cierto tipo de ropa, consumir cierto tipo de productos, todo eso te ponía en el radar. Nadie quería ser el apestado, y se hacía lo posible por salir de la pobreza, por hablar mejor, por comer mejor, aunque ello implicara sacar dinero de sabrá dios donde.


Al iniciar la maestría, yo era posiblemente la peor versión de mi mismo, era el estudiante aplicado que con tal de progresar académica y profesionalmente, pasaba por encima de los demás, haciéndoles sentir miserables al exponer sus deficiencias fuera en público o en privado.


Irónicamente, la maestría fue el periodo en donde yo era sumamente ignorante, y para nada tuve logros que presumir. Era un pendejo arrogante.


En 2009 tuve el primer punto pivotal que me llevó a corregir mi camino, el doc Pablo Vinuesa Fleischmann, abrió el primer taller latinoamericano de evolución molecular; por dos semanas, biólogos de toda América Latina nos encerramos de 9:00 a 19:00 para aprender bio informática, evolución, programación y aplicaciones de genética en organismos modelo y no modelo.


El doc Vinuesa armó el taller de forma gratuita, sin pedir nada a cambio, sin si quiera pedir retribución por su labor académica, todo ello por y para un país que no era el suyo. El doc Vinuesa le abrió las puertas a gente de todo el continente, diciéndoles: Esto es lo que sé hacer, es algo que te podría servir y algo que valdría la pena que aprendieras, tomalo, ahora es tuyo.


Esa vez mi vida dio un giro de 180, el doc Vinuesa me enseño indirectamente que es una buena idea ser buena persona, y mejor aún, ser buena persona sin esperar retribución.


Cuando acabé la maestría quise irme a EUA creyendo que podría entrar a la universidad de Pittsburgh.


Me batearon de Ohio State University, University of Pittsburgh y de Texas A&M, desconsolado y moralmente agotado, entré al doctorado en CINVESTAV Zacatenco donde tuve el segundo punto pivotal que también me hizo retomar hacia el buen camino.


En alguna ocasión, encontré a César, un alumno que era reconocido por no ser particularmente brillante. Al verlo, no podía sino pensar acerca de César: vaya idiota. Al cruzar camino con César le pregunté que qué es lo que estaba haciendo. Tímido me contestó que estaba tratando de construir una biblioteca genómica y que tenía más o menos dos semanas para completarla. Para mi proyecto de maestría yo también había intentado hacer una biblioteca genómica, fracasando reiteradamente en el proceso.


Cuando César me contó su plan, yo pensaba, arrogante: Si yo, que soy mil veces mejor que tú, no pude construir una biblioteca genómica en 2 años, que esperanzas tienes de que , en dos semanas lo logres?


Para mi notoria molestia, César logró construir su biblioteca genómica en tiempo y forma, cerrándome el hocico, haciéndome ver lo arrogante e ignorante que estaba siendo.


César me enseñó que yo no era sino un pendejo más, producto de la mentalidad que muchos mexicanos tenemos: sobresalir sin importar cuan incompetente seas, sin importar cuantas personas pisotees en el camino.


A partir de entonces quise cambiar, quise ser mejor persona, y al momento sigo teniendo deseos de mejorar, aunque sé que es un camino largo, satisfactorio eso si. Quien me conozca después de 2013, sabrá que de la basura de persona que yo era en 2009, sólo queda una fotografía la cual guardo como recordatorio de todo lo que no quiero ser en la vida.


Por el tono de los relatos en esta colección podría pensarse que salí huyendo de México, de su cultura, de sus defectos, de su estancamiento. La realidad es que salí huyendo de mi mismo, de lo que fui y de lo que ya no quería ser. Es muy cómodo pensar que fui una víctima del sistema, y hasta cierto punto lo fui, pero siempre existe la opción de, no sé, ser buena persona, sin importar la influencia del lugar, léase, ser como el doc Vinuesa.


Cuando regresé a México, no quería regresar a hacer las pases con mi familia, con mis amigos, con las personas que lastimé, con el país... quería hacer las pases conmigo.


Closure le llaman.


Celebro vivir en el Reino Unido, mi ciudad, mi bosque, mis amigos, mis bicis, mis triunfos, mis fracasos, mis tristezas y mis alegrías, todo ello es el motor que hace que estar aquí sea una experiencia sumamente gratificante.


Pero celebro aún más haber nacido y vivido en México, celebro a mi familia, a mis amigos, a mis amores, mis triunfos, mis fracasos, mis alegrías y mis tristezas, porque todo ello fue el motor para convertirme en quien soy ahora, y de quien no me siento tan avergonzado. Hoy toca vivir, reír y llorar aquí... but home is nowhere


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