Antes de regresar a México, Humberto me pidió de favor si podía llevarles unos regalos a una amiga y a su novia, y de paso, traerle una cámara de regreso. Pensaba ir a Irapuato de cualquier modo, así que aproveché un fin de semana para visitar a gente que quiero y admiro. Sin proponermelo se armó sólito un escenario ideal para la misión que me puse antes de regresar a México: Volver a conocer el país, verlo con ojos frescos y verlo a través de los ojos de alguien más.
Ese fin de semana estaba rodeado de científicas que con orígenes, edades y metas distintas, tenían cada una un enfoque particular de la ciencia. Sus nombres serán omitidos por respeto, por seguridad y porque esta historia es posiblemente la más amarga de todas.
A: Mujer gen-X, la administradora de las instalaciones de cómputo para darle servicio a todo el instituto.
K: Mujer millennial, recién doctorada, ella da servicio de cómputo a clientes de distintas instituciones.
L: Mujer millennial, recién doctorada, continuando como postdoctorante en el instituto.
S: Mujer millennial, recién doctorada, navegando en la ciencia con una mezcla de orgullo y privilegio.
M: Mujer gen-Z, estudiante de maestría, idealista, en mi opinión algo mimada, pero buena persona
Como dije, es una historia bastante amarga. Un año antes de que comenzaran los encierros por la pandemia, México era una olla de presión con las protestas de las morras que marchaban en distintas ciudades exigiendo justicia ante la falta de acción por parte de las autoridades que eran más que incompetentes para esclarecer casos de acoso y abuso sexual, violencia de género y, lamentablemente, feminicidios.
Las instituciones educativas no eran ajenas a la violencia de género que se vive en México, tal como lo hacían en las calles, las morras se manifestaban con denuncias públicas en donde evidenciaban cómo muchos de los investigadores eran acosadores cuando menos, violadores cuando más. La pandemia le cayó como anillo al dedo a México, ya que las movilizaciones y las denuncias cesaron, y le dieron un respiro a los acosadores que impunemente pueden operar en México.
Una investigadora del Laboratorio Internacional de Investigación del Genoma Humano (LIIGH), interpuso una demanda legal contra el investigador Jean Phillipe Vielle Calzada (JPVC) por abuso sexual. Ante la evidente falta de resolución por parte de las autoridades, la investigadora, junto con otras víctimas, decidieron recurrir a una instancia si bien menos efectiva, más visible: Decidieron publicar sus testimonios en Science: una revista científica de muy alto impacto y renombre.
El caso es por demás complejo, y sencillo a la vez. Es sencillo porque la parte acusadora reiteradamente ha presentado pruebas, aprehender al acosador debería ser tarea fácil. Es complicado porque JPVC ha hecho cuanto ha podido por eludir su aprehensión. Para indignación de propios y extraños, JPVC ha mantenido su posición como investigador.
Muchas veces, la olla de presión que lleva décadas calentándose ha estado cerca de explotar, en aquella ocasión, en un arranque de iniciativa, o de cinismo total, JPVC pensó que era una buena idea proponerse como candidato a director general del centro de investigación más avanzado en todo México.
Cuando S y yo llegamos a Irapuato, nos fuimos directo al restaurante de mariscos que para A, K y para mi, era sinónimo de buena comida, buena cerveza y buenos momentos. L y M llegarían después.
Anteriormente mencione la falsa dicotomía entre el bien y el mal en la que los mexicanos vivimos, típicamente muchos hombres viven bajo el concepto de que el feminismo es antónimo de machismo, nada más lejano de la realidad. No hay una definición unificada del feminismo, hay tantas vertientes del feminismo que es imposible ponerlo en una sola cajita. El machismo es más fácil de entender, parte de la idea de que la mujer es inferior al hombre.
Para un varón cis heterosexual, navegar los círculos sociales en 2022 implica llevar una etiqueta invisible pero reconocible ante las mujeres y la sociedad: el privilegio patriarcal.
He sido formado en un ambiente heteronormado y patriarcal, así como lo ha sido la mitad de la población de mi edad, pero de a poco he ido quitándome muchas de las características de un cavernícola heteronormado, unas yo sólito, unas con y por Giovanna, unas con ayuda de Jazmín la psicóloga, y lamentablemente algunas características siguen ahí.
Pese a todo la etiqueta invisible sigue ahí y está bien, he hecho las paces con ello. Toda mujer que piense que por ser hombre soy un potencial violador tiene todo el derecho de pensarlo, a pesar de que puedo decir con tranquilidad que me considero aliado.
Muchos hombres recurren a la frase no todos los hombres son violadores, y tienen razón, a lo que las feministas dicen: no todos los hombres, pero siempre es un hombre. Un argumento que anula elegantemente el contraargumento de dichos hombres.
Estando en este foro con A, K, L, M y S, mi elección lógica era escuchar todo lo que ellas tenían que decir, y vaya que fue una montaña rusa de emociones. Al principio platicamos de cuanta trivialidad nos viniera a la mente, el clima, la comida, la economía, pero no podíamos ignorar el elefante en la habitación:
La situación de violencia de género en el centro de investigación empeoraba día con día. Y siendo el centro de investigación más importante de México, sirve como un buen reflejo de lo que ocurre en las demás instituciones educativas.
Un refrán mexicano con respecto del amor y la pobreza dice que cuando el dinero se va por la puerta, el amor sale por la ventana. Este dicho también aplica a lo que ocurre en cualquier organización, incluyendo al centro de investigación. Al tener cada vez menos presupuesto, los espacios y las condiciones de trabajo son cada vez más tensos y eso afecta incluso la sororidad entre alumnas y entre investigadoras.
Somos productos de nuestro ambiente, y el ambiente inseguro que se vive en México moldea a hombres y mujeres por igual, haciendo que ninguno tome las mejores decisiones.
Para beneficio de muchas personas, delincuentes incluidos, México cuenta con áreas naturales muy extensas, algunas de ellas poco exploradas, algunas otras totalmente desconocidas.
La labor de los geólogos y topógrafos consiste en explorar dichas áreas para obtener información acerca de su composición y potencial de explotación. Ésto es perfectamente compatible con que el crimen organizado use dichas áreas inexploradas para operar en las sombras de las áreas remotas.
La presencia de grupos delictivos en áreas remotas complica mucho las prácticas de los geólogos y topógrafos, ya que una zona que normalmente puede ser usada por los estudiantes, mañana podría estar asediada por el crimen organizado.
En una práctica de campo, MM y Antonio estuvieron en un escenario tan interesante como complejo: Cuando llegaron al sitio de exploración se requerían voluntarios para revisar los alrededores. Antonio se ofreció, MM hizo lo propio. Antonio le dijo a MM que quizá no era una buena idea, a lo que MM le respondió enojada que ella también merecía una oportunidad de explorar en campo, de no quedarse en el sitio base y de hacer trabajo pesado.
El razonamiento de MM era (acertadamente) que para romper barreras y estereotipos, y también para brindar oportunidades equitativas, las mujeres deberían poder participar en todas las actividades que tradicionalmente le tocan a los hombres.
Antonio le respondió (acertadamente, creo), que no se trataba de una cuestión académica, o laboral o de género, sino de seguridad. Ese comentario suena condescendiente a todas luces, pero Antonio no es el típico macho alfa. Elaboró su respuesta argumentando que si en la cuadrilla de exploración iban puros hombres y se encontraban a alguna pandilla de narco menudistas o de sicarios, había riesgo de violencia física, o de muerte.
Si por otro lado, en el grupo de exploración iban mujeres el riesgo era mucho mayor y mucho peor, no solamente existía el riesgo de violencia física, sino también de violencia sexual, y tal como apunta la tasa de feminicidios en México, era casi seguro que las mujeres, si no es que la cuadrilla entera resultaran muertos ante el posible encuentro con los agresores. Si la actitud paternalista (que no lo mismo que patriarcal) de Antonio es correcta o incorrecta, no me toca a mi discutirlo, yo hubiera hecho lo mismo probablemente.
En la plática que teníamos en Irapuato, A nos contó que una investigadora, E, a raíz de las denuncias que tenía JPVC, y del entorno inseguro que representaba tener tantos investigadores varones en la institución, decidió no aceptar mujeres como alumnas de maestría o doctorado, con la intención de no exponerlas al ambiente que se vive en el instituto. E es una investigadora que yo admiro mucho, y cierto es que es una gran tutora, me causó una disonancia cognitiva el saber que en un afán de proteger a las alumnas, E les estaba negando una oportunidad de desarrollarse en la ciencia, de demostrarle al mundo que contra todo y contra todo, las mujeres pueden hacer ciencia en México.
Si la actitud protectora (sin ser condescendiente) de E es correcta o incorrecta, no me toca a mi discutirlo, yo no sé que hubiera hecho, pero siento que si aceptaría a las morras como estudiantes.
La narrativa anterior tiene una finalidad y espero hayan caído en la trampa que les puse. En las historia de E y, de MM y Antonio, nos concentramos en lo que las víctimas y su red de apoyo hacen para estar relativamente seguros; y no prestamos atención a lo que realmente ocurre: los violadores, los acosadores y el crimen organizado deberían ser los principales antagonistas de la narrativa, no E, ni Antonio.
En defensa del lector, reiteraré que somos producto de nuestro entorno, y nuestro entorno nos ha enseñado a normalizar lo que se vive día a día, el vato que muere tras un asalto fallido, la mujer que fue violada y asesinada, el morrito que fue raptado para pedir un secuestro, las morritas que se venden en regiones rurales del país... todos ellos son números, gente sin rostro, personas sin voz, que suman día a día una cuenta que el gobierno, lejos de resolver, se encarga unicamente de barrerla por debajo de la alfombra.
Personalmente creo que hay una razón poderosa por la que que JPVC no ha sido aprehendido y procesado como debería: Alguien alzó la voz en contra de JPVC, y él sabe que está en el reflector, pero está tranquilo porque si el cae, caerán con él otros tantos, hombres y mujeres por igual. Gente que han cometido actos iguales o peores, y JPVC se sabe protegido por todo ese mugrero que opera en el centro de investigación, hombres y mujeres por igual. Qué tanto sabrá JPVC de los directivos? Sólo él, dios y los directivos lo saben.
Cómo dije anteriormente, el centro de investigación es un buen proxy de lo que ocurre en todas las instituciones del país, por lo que no sorprende que lo mismo ocurra en universidades de alto y bajo prestigio en México. Mientras haya silencio, en este como en otros casos, no alcanzaremos la meta que es tan importante como lejana: Ciencia para todas.
La cereza en el pastel de esta historia que es por demás amarga, es que durante la plática, dos de las científicas presentes no les parecía tan mala idea que JPVC fuera director general del centro de investigación. Respetando su anonimidad, no mencionaré quien dijo qué, pero si me pareció interesante cuando menos, impactante cuando más, escuchar la voz de una mujer apoyando a un violador.
Encuentro repugnante la idea de tener a JPVC como director, para bien y para mal ya no estoy en dicha institución, y lo que puedo hacer es apoyar la ciencia en México desde mi trinchera… pero cuesta mucho trabajo apoyar a un país que parece estarse autodestruyendo... una víctima a la vez, un violador a la vez.
Comments
Post a Comment