Skip to main content

Comisario Flores

Mi papá me llevó por primera vez a la casita de campo cuando tenía tres años. Aunque actualmente vivo en un lugar estupendo, la casita de campo siempre será mi lugar favorito en todo el mundo. En la casita de campo están muchos de mis recuerdos más felices, sembrando papas cuando era un morrito, construyendo casas con mis tíos y primos, acarreando agua con el burrito Esteban, corriendo a campo traviesa, haciendo bici de montaña, y cortando la flor más bonita para dársela a quien fuera entonces la dueña de mi corazón.


De tener todo el dinero del mundo, compraría sin pensarlo dos veces, la casita de campo, construiría muchos cuartos para los primos y trataría de rescatar la tradiciones anuales que teníamos cuando eramos adolescentes.


Cuando estábamos construyendo una de las casas en la montaña, Herón, si bien ya no podía trabajar, cumplía la función de supervisar que los tíos estuvieran trabajando adecuadamente. Herón decía que ya no podía ver de lejos, no obstante, a más de cien metros del sitio de construcción, se daba la libertad de chiflarles a los tíos diciéndoles que la pared que estaban levantando estaba desnivelada.


Para la frustración de los tíos, en efecto la pared estaba ligeramente desnivelada.


La condición de Herón era un llamado de atención para los tíos, para ver quien sería el que se encargara de cuidar la casa y de trabajar el terreno.


Hugo era la elección obvia, siempre trabajador, responsable, aunque a veces (muchas veces), desligado de sus lazos familiares cercanos.


Hugo comenzaría a encargarse de la casa, ocupando el rol que otrora le correspondía a Herón.


Hugo tuvo una niñez distinta a la del resto de los tíos, por principio, su crianza estuvo a cargo de su abue Juanita, en vez de sus padres. Pese a la mano dura que Herón tuvo con todos sus hijos, a Hugo jamás le puso un dedo encima, ello no quitó que Hugo tuviera experiencias duras, que aunque le formaron el carácter, le dejaron huellas profundas.


Una de las historias que se suele contar, es la cual en la que Hugo estaba ayudándole a Herón a partir piedras. La labor de Hugo consistía en detener el cincel para que Herón pudiera golpear dicho cincel con un marro pesadísimo. En aquella ocasión Herón no atinó al cincel, en vez, golpeó con el marro la mano de Hugo. Inmutable, lejos de atender la posible fractura, Herón muy tranquilamente le dijo: Eso no es nada, morirse es algo. Ninguno dijo nada, sabían que debían continuar trabajando.


La vida en el campo es muy distinta a la vida en la ciudad, todo comienza y termina más temprano, el desempeño físico es por demás necesario. La ausencia de ruido, el aire limpio y la increíble vista de la montaña hacen que todo sacrificio valga.


Mis padres nos enseñaron a mi hermano y a mi a trabajar duro sin importar la ocasión, la casita de campo nos enseño a trabajar en algo donde el dinero no era parte del pago.


Hugo a pesar de haber trabajado un par de años en la fábrica Hoechst, no tardó en re adaptarse al estilo campirano, y como a casi todos los miembros de la familia, le era sumamente difícil mantenerse quieto. Al tiempo se involucró en actividades administrativas del ejido y de a poco se ganó el título de comisario, con él, el respeto y admiración de algunos ejidatarios, y con él, la envidia y desdén de otros tantos.


Cada que íbamos a trabajar, todos estábamos en el entendido que lo primero que debíamos hacer era desayunar, las tortas de tamal no faltaban junto con su pocillo de café de olla, luego a trabajar hasta acabar la jornada planeada. Si nos quedaba tiempo, ganas y energía, jugábamos a lo que fuera, la montaña era nuestro patio de juegos.


Hugo aplicaba estas mismas reglas tanto a su familia como a los jornaleros del ejido cuando era comisario.


En poco tiempo se encargó de revivir el Parque Ecológico Llano Grande en el que logró asegurar presupuesto y mano de obra para construir mesitas, bancas, palapas, instalaciones sanitarias adecuadas, una tirolesa y hasta un lago artificial.


Mucha gente estaba contenta con lo que se había logrado, y mucha gente le tenía mucho resentimiento, y es que si bien la vida en el campo es distinta a la vida en la ciudad, la mentalidad de los habitantes nocivos es igual en todos lados.


En México el código vial indica que un semáforo en amarillo es la señal para comenzar a frenar porque a continuación viene la luz roja, alto total. No obstante, todo mundo sabe que la luz amarilla significa ACELERA!, y que la luz roja es omisible, y que es mucho más conveniente darle una mordida al oficial de tránsito para que no te lleve al corralón. Es también sabido que es muy efectivo hacerte el difícil, apegándote a la ley, porque el oficial te dejará ir con una advertencia ante la ausencia de soborno, y que llevarte al corralón es simplemente mucho esfuerzo para el oficial. No vale la pena, pensarían muchos de ellos.


Desde su remodelación, el parque ecológico Llano grande casi siempre tenía visitantes y resultaba raro pensar que una persona pudiera hacer el cambio para que ello ocurriera.


La solución siempre había sido simple, era necesario un cambio en la administración monetaria y Hugo no estaba para entrarle al juego del desvío de fondos: Si entra dinero para el ejido, el dinero va para el ejido. Los ejidatarios y jornaleros que anteriormente se prestaban al desvío de fondos eran los principales detractores de la administración de Hugo, ello poco importaba, a Hugo no le importaba la gente mala, la gente buena era su prioridad y, desde luego, la prioridad principal siempre fue el parque ecológico.


Resulta triste pero entendible, aunque injustificable, ver que los problemas de la nación radican principalmente en una corrupción sistémica en donde como dicen en México: El que no tranza no avanza. Hay tres frases populares en México con las que sencillamente no puedo comulgar:


  • Te hace falta barrio

  • El que no tranza no avanza

  • Los buenos somos más


Esta última frase es ampliamente usada por los mexicanos para darse palmaditas en la espalda ante muchos de los problemas que como nación nos aquejan. La frase hace alusión a la falsa dicotomía del bien y el mal en las personas, y muchas personas la usan pensando que en México el pueblo bueno -como lo llamaría el presidente- representa a la mayoría de la población.


La realidad es muy diferente, la dicotomía es falsa en el sentido de que no hacer cosas malas no te convierte en una buena persona y no hacer cosas buenas, no te convierte en una mala persona. Pagar tus impuestos, separar la basura y aprobar tus materias no necesariamente te convierte en alguien bueno; mirar televisión holgazaneando todo el día tampoco de convierte en mala persona.


La falta de acción ante problemas como la violencia o la pobreza, nos convierten a muchos en espectadores, que lejos de ser buenos o malos, vivimos en esa área gris en donde si bien no cometemos crímenes, no estamos haciendo mucho para resolver los problemas que nos aquejan.


No es del todo nuestra culpa, si la gente tuviera más tiempo y más recursos probablemente se involucraría en más acciones altruistas, pero eso es un privilegio del que no todos gozamos.


Ante la prevalente falta de acción en el ejido, Hugo tomó las riendas más de una vez para que entre todos, por lo menos brevemente, dejaran de ser espectadores indiferentes y pudieran hacer algo genuinamente bueno.


El 9 de octubre de 2022 fuimos a la casa de campo en donde como en otras ocasiones, nunca faltaron las historias de lo que ocurría en el ejido, y Hugo nos contó con detalle una de ellas, aunque para ello tuvimos que emborracharle un poco.


Una vez muy tempranito, Hugo se despertó al escuchar motores en el monte. Trabajar en el campo trae sus ventajas, entre las que se encuentra poder distinguir entre varios tipos de motores, ya sea que se trate de un tractor, un camión, una moto sierra, o una motocicleta.


En aquella ocasión era claro que se trataba de motocicletas. Hugo sabía que algo no estaba bien, esos ruidos no podrían, o más bien no deberían venir del interior del monte. Ni tardo ni perezoso llamó a los jornaleros, a quienes les dijo que cargaran la camioneta ejidal con moto sierras, hachas y herramientas de mano que pudieran usar ante una posible confrontación, pero nunca armas de fuego.


Él y los jornaleros conocían bien los caminos, y sabían donde podían acorralar a los motociclistas. La mayoría de los motociclistas eran hijos de gente poderosa, y la mayoría de ellos no tenían un gramo de respeto por el medio ambiente.


Varios de los motociclistas avanzaban hacía el bloqueo improvisado por los jornaleros, mismos que ante la mirada de Hugo, no se inmutaron, solamente sacaron de la camioneta las moto sierras, hachas y demás herramientas.


- Déjenos pasar. Exigían los motociclistas

- Ustedes no tienen permiso de pasar por esta área protegida con sus motos y menos si hacen destrozos

- Ya nos dio permiso el gobernador

- Dónde está tu permiso firmado?

- Es que tu no sabes quien soy. Verdad?

- Incluso si fueras el presidente, sin permiso firmado por aquí no pasas


Los motociclistas comenzaron a revolucionar sus máquinas, a lo que Hugo volteó a ver a los jornaleros y a la voz de jalenle sabían que debían revolucionar sus moto sierras.


- Les repito que por aquí no pasan


Uno de los motociclistas intentó disuadir a Hugo, explicándole que ya le habían pagado a los organizadores, que algunos de los motociclistas venían desde Durango para hacer motociclismo a campo traviesa.

La decisión de Hugo era firme, y a todas leyes correcta: Sin autorización firmada, no podían pasar por un área natural protegida.


Los motociclistas se fueron refunfuñando y amenazando a los jornaleros. Los jornaleros estaban contentos porque habían ganado esa pequeña pero significativa batalla. Hugo no estaba tan contento, sabía que ahí no acabaría esa historia y debía prepararse para lo que vendría. Y en efecto, al tiempo llegó gente del gobierno del Estado de Hidalgo, con toda la intención de amedrentar al comisario ante el lloriqueo de los motociclistas.


Con toda la prepotencia del mundo llegó un abogado representando a los motociclistas, exigiendo que el comisario les pidiera disculpas, les dejara usar la reserva ecológica y además les indemnizara por daños y perjuicios.


Hugo le dijo: Mire, yo no estoy para pleitos ni con ellos ni con usted. Que le parece si me acompaña y le enseño que es lo que ocurr. El comisario llevó al abogado al sitio por el que habían logrado pasar los motociclistas antes del bloqueo, y le mostró la cantidad de destrozos irreparables que habían hecho a la flora local. Más allá de la legalidad de lo ocurrido, Hugo le preguntó al abogado si le parecía justo que un grupo de juniors vinieran al parque ecológico sin permisos y sin respeto a causar destrozos a un sitio que de por si estaba afectada por la actividad humana en las zonas aledañas.


El abogado desistió de su tarea, no sin antes mostrar su respeto por el comisario y por los jornaleros. Ellos unicamente estaban defendiendo una causa justa ante la falta de conciencia por parte de los motociclistas que unicamente iban tras unas horas de diversión.


De pura suerte el abogado tenía aún su brújula moral calibrada, de haber sido otro, sencillamente hubiera procedido legalmente, bajo el cobijo de algún gobernante al que no le importan las áreas ecológicas más de lo que le importa establecer dominancia.


A Hugo no le gusta contarnos todas esas historias, para sacarle esta historia tuvimos que incluir algunos tragos. Tan nobles como se leen en papel, estas historias tienen un componente humano que todos, yo incluido, pasamos por alto: Todas esas situaciones implican dejar el estado permanente de espectador indiferente. Quien actúa se arriesga mucho y en algunos casos, incluso se arriesga la vida. Al final, lo que recordamos son solo las partes bonitas de la historia.


Cómo esta hay muchas historias del comisario Flores, algunas las conocemos, la mayoría no, pero no me alcanza ni la tinta ni la admiración que tengo por mi tío para acabar de contarlas, por lo menos las que conozco.


Eventualmente reanudamos la comida, acabamos de platicar y procedemos a nuestra actividad favorita: mi tío y yo encendemos un cigarrillo el cual fumamos en silencio.


Comments

Popular posts from this blog

Panama!

Sleepless in Seattle New Jersey The day before, all of us were busy with activities from our main jobs, we know the cab is picking us up from Cambridge and they will take us to the airport. Focus We think to ourselves because everyone is doing their part. UKHSA arranged the logistics, Cambridge Bioinformatics Training prepared the course materials, and us trainers covered said materials to make sure everything ran as intended. But we still tickle because of the trip, we still have some hesitation as to how much we actually know, mentally preparing for all the potential questions the participants have for us. Pack your bags, go to sleep, bring a book, make sure you get some rest, tomorrow, tomorrow will be a great day. The cab takes us (Carolin, Chandra and I) to Heathrow, checking-in, security check, passport control and boarding, business as usual. We fly for eight hours, the flight takes its toll but we still put a smile on our faces because today, today we'll do our part to mak...

Life (re)starts at 40

Christmas break 2023 By the end of September I asked my friend Jan to take me some place nice, some place I can get closure, some place I can leave all my demons behind. Jan suggested going hiking in Slovakia, I didn't think it twice. I booked my plane tickets to Czechia, requested days off at work, got some mountaineering equipment, and got ready for a life-changing adventure. The Prague astronomical clock is a medieval astronomical clock attached to the Old Town Hall in Praha. It was first installed in 1410, making it the third-oldest astronomical clock in the world and the oldest clock still in operation. On August 2023, I took my parents to Paris, and despite the city itself is objectively gorgeous, I found it disgusting in many ways. Praha has a similar style, but it feels completely different. It feels sober, clean, impressive, enlightened, old but modern, housing the cultural centre of central Europe for many years throughout its history. Walking the streets of Praha during ...

Dancing club

Victor Flores López was born in Hidalgo on July 28, 1956 in a poor family where all the members of the family had to be jacks-of-all-trades. He had always been the black sheep of the family, but that didn't stop him from being a good person. In 1964 his family left the state of Hidalgo to settle in Ecatepec in the State of Mexico. Don Herón, the head of the family, always hard-working and charismatic, despite his violent nature, was an important figure in the Santa Clara neighbourhood. My uncles and grandfather built many things: schools, houses, roads, to the extent that Santa Clara belonged to them, so much as they belonged to Santa Clara, despite them coming from a different state. Irma López Ramírez was born in the state of Mexico on November 10, 1959. Also from a poor family where all the members had to be jacks-of-all-trades. She was the eldest sister and from a very young age she had to mature prematurely and become the unofficial pillar of her family. Don Rogelio mad...