Skip to main content

Cosecha 2006

En septiembre de 1999 conocí a Arturo. Pinche chamaco latoso, pensé mientras escuchaba su voz chillona en la clase de no me acuerdo qué, en su momento también pensé OK, sólo es un chamaco latoso con quien compartiré clase nomás dos años más... intenta los siguientes siete años.


Arturo siempre fue un muchacho listo, de buen ver incluso y detrás de algunas capas, un tipazo. Pero todo eso no lo sabes si no te das la oportunidad de conocer gente o como en nuestro caso, dejar que el universo te los ponga enfrente.


Él y yo comenzamos a ser amigos desde 2001, en parte por ser los únicos, junto con Fernando, que veníamos del mismo grupo en la vocacional, en parte también porque descubrimos que eramos muy parecidos en varias cosas, ya sabes, lo que te choca te checa.


Con Arturo tengo muchas historias que contamos una y otra vez cada que nos vemos, no porque no haya mucho de nuevo que contar, más bien porque son nuestros core memories que nos formaron.


Siempre exponíamos juntos, una vez, en clase de química analítica nos tocó presentar acerca de espectrometría de masas.

Pragmáticos como eramos, nos repartimos los temas e hicimos nuestros carteles por separado, recuerden que esto era antes de Power Point y de Dropbox.


Mi letra a mano en ese entonces era fea pero en mis carteles me ponía las pilas y hacía la letra bonita, aunque me cansara en ello. Arturo no, él escribía igual en su cuaderno que en el cartel, aunque su letra no era tan fea. Cuando llegó la hora de exponer, todo el grupo nos chuleó la presentación. Rosalía nos preguntó por qué habíamos expuesto los carteles uno del otro... y pues chale, Rosalía creyó que porque yo era feo, mi letra debía ser fea y Arturo al ser más agraciado, le tocaba el cartel con letra bonita. Pese a todo nos divertíamos, era lo que contaba y, salvo por contadas materias, disfrutábamos mucho nuestras clases.


Arturo ha formado parte de mi desarrollo personal de una forma muy instructiva, me enseñó a no tomarme las cosas en serio, a aceptar un chingas a tu madre con cierto humor ya que en el mundo no he conocido quien haya amado más a su mamá, que el buen José Arturo.


Sin que ser introvertido sea algo malo, él le saco brillo a la extroversión que para entonces llevaba dentro, él era mi conexión al mundo exterior, que de otro modo quizá no habría podido conocer. Por él conocí a la doctora Ahidé, hice mi servicio social en microbiología general, en fin, sin Arturo probablemente no estaría escribiendo todo esto.


Hacíamos buena dupla, en el laboratorio eramos imparables, coordinando nuestras actividades casi de forma simbiótica, en bacteriología médica diagnóstica siempre salíamos primero y salíamos bien, la maestra Chela nos presionaba, y le respondíamos, el maestro Tomás nos alentaba, y salíamos avante.


Cómo en cualquier dinámica, también había checkpoints en donde no siempre estábamos de acuerdo, pero eran más los beneficios de estar con él como amigo que no tenerlo cerca.


A Rosario -la doctora Espinoza Mellado- la adoptamos en 2002 cuando sus amigas la segregaron, algo que hasta hoy sigo sin comprender. La neta Chayo es esa especie de pegamento social que mantiene a la banda unida.


Chayo, Arturo y yo, teníamos personalidades muy diferentes pero todo aportaba, nos divertíamos mucho hablando de música, comiendo, retozando, comiendo, perdiendo el tiempo, comiendo, jugando basketball, comiendo, you get the point. Ñoñazos como eramos, aunque no teníamos las mejores notas siempre nos iba chido en las clases.


Rosario fue por mucho tiempo jefa del grupo B de QBPs 2001-2006, una ñoña rockera hecha y derecha. En las prácticas de química analítica poníamos música en el laboratorio a pesar de la molestia expresa de algún profesor, al que cordialmente le callábamos el hocico mostrándole lo bien que trabajamos.


Los tres eramos listillos en las clases, nuestras discusiones, reportes y en general buena actitud y desempeño, nos ponían en un sitio bastante privilegiado, sin que fuéramos las mascotas de los profesores, como quizá si lo era Lilia, por ejemplo.


Con Rosario todo era más intenso, las cosas chidas eran muy chidas, y los roces eran más caóticos, pero al igual que con Arturo, era mil veces mejor tenerla como amiga que no tenerla at all.


Claudia fue la última en unirse al grupo, morra fresa, rebelde, outspoken, sensible por dentro y por fuera. Claudia y yo no eramos los más compatibles, outspoken y odioso como era yo en ese momento, ella y yo fuimos la receta perfecta del caos en más de una ocasión.


Entre la convivencia y la coexistencia en el mismo tiempo y espacio, y el hecho de que aprendimos a ver más allá de las superficialidades comenzamos nuestro camino como un grupo de outsiders, por demás particular.


Cuando ves una película de Adam Sandler, usualmente surge la pregunta inmediata: Cómo carajos esa morra es pareja de ese vato?. Un poco así era el tener a Claudia en nuestro grupo, aclarando que nosotros eramos los Adam Sandler de la historia. De alguna forma funcionábamos, subsistencia aparte, formamos una bonita amistad.


Los 2000s tempranos eran tiempos raros, a más de 20 años de haber pasado por la ENCB, extrañaba pocas cosas. Los espacios son quizá más restrictivos, y al mismo tiempo más inclusivos. Los planes de estudio han cambiado, nuestra generación fue para nuestro bien, la última en separar Física y Fisicoquímica, también fue la última generación en la que Bioquímica era un requisito para cursar microbiología.


No diré que antes las cosas eran mejores, nuestra generación no incluía biología molecular, ni tampoco proyecto de titulación. Pero eso no impidió que Arturo y yo decidiéramos tomar dichas materias a la par de nuestras materias habituales. Ahora los estudiantes tienen materias que nos habría gustado llevar, como bioética, cortesía de la doctora Espinoza Mellado. De haber cursado bioética, no sé, se me ocurre que quizá no hubiéramos tenido que electrocutar pollos por el ano para sacrificarlos en las prácticas de microbiología veterinaria, historia escatológicamente real.


En cada grupo de amigos hay siempre historias que se cuentan una y otra vez, nosotros tenemos la historia de Lilia


En quinto semestre Lilia terminó rapidísimo su examen de inmunología, para sorpresa tanto de la profesora como del alumnado.


Por aquél entonces la entrega de calificaciones era un proceso brutal, los profesores daban las calificaciones de forma pública y en inmunología tenían la costumbre de dar las calificaciones desde el más bajo hasta el más alto. Era un tormento para todos, si te tocaba al principio, sabías que te había ido mal, y si salías al final, eran largos los minutos hasta que el profesor mencionaba tu nombre.


En ese examen, el primer nombre fue el de Lilia, a lo que todo mundo estaba algo anonadado. Sería que la profesora diera las calificaciones de mayor a menor? Con ello reduciendo la agonía de algunos. Sería que no habría orden en la entrega? Al recoger su examen, la profesora le dijo que no entendía que había pasado. Si bien nunca me agradó Lilia, era brillante, por lo que el resultado del examen era en efecto, sorprendente.


Lo que pasó es que la mitad del examen estaba en blanco, y es que Lilia no se dio cuenta de que el examen estaba impreso a doble cara. Obviamente eso la dejó marcada por mucho tiempo.


En sexto semestre, llevábamos la materia de Patología, en el primer examen parcial, ni Arturo ni yo le echamos ganas y salimos muy bajos.


Por aquel entonces teníamos una beca, por lo que teníamos que mantener un promedio general de ocho. Por ello, para el segundo parcial, estudiamos como si no hubiera un mañana. La profesora dijo explícitamente que para el segundo examen no habría preguntas de factores de crecimiento, por lo que sabíamos bien hasta donde estudiar. El día del examen, completamente dispuestos a recuperar nuestro promedio, Arturo y yo terminamos primero y nos fue muy bien, yo salí primero y luego él, minutos más tarde salio Lilia.


Arturo y yo teníamos nuestro propio lenguaje no verbal, bastó una mirada para que en micro segundos él armara un plan y yo le siguiera sin necesidad de decir algo al respecto


- Arturo: Cómo te fue?

- Vic: Bien, estuvo tranquilo. Y tu Lilia qué tal?

- Lilia: Bien, estuvo tranquilo.

- A: Qué respondiste en lo de factores de crecimiento?

- L: Ahmm... no venía nada de factores de crecimiento

- V: Qué tipo de examen te tocó?

- A: A mi me tocó el tipo A

- V: A mi me tocó el tipo B, puse la lista de los factores de crecimiento que vimos en clase

- L: Yo tuve el tipo A. No venía nada de factores de crecimiento

- A: Si venía, no checaste? Venía en la parte de atrás de la página


Lilia dejó caer su mochila, salió corriendo, atravesando el salón de clase para llegar agitada con la profesora pidiéndole que le dejara revisar su examen porque olvidó responder las preguntas de la parte de atrás.


La profesora sólo la miró de reojo y le dijo que no entendía de qué estaba hablando, que el examen estaba impreso a una sola página.


Lilia había hecho el ridículo ante todo el grupo… Al salir, solamente nos vio, tomó sus cosas y nos dijo: son unos idiotas.


En retrospectiva, si fuimos unos idiotas y nuestros actos reprobables, pero la historia no es acerca de Lilia, sino del nivel de compenetración que Arturo y yo teníamos.


Había una hermandad similar, si bien menos nociva, con Claudia y con Rosario, haciendo las tareas por messenger, pasándonos las tareas en los breaks entre clases, improvisando nuestros reportes antes de las prácticas.


Poco después de graduarnos, cada uno llevaría caminos muy diferentes aunque no necesariamente separados. Rosario y yo continuamos nuestros estudios de posgrado en la ENCB, Arturo y Claudia optaron por trabajar en la industria. Entre otras amistades, parejas, estudios, trabajos y la vida en geneal, poco a poco fuimos jalando cada uno para su propia esquina.


Claudia y Arturo ahora ocupan posiciones estratégicas en la producción y control de biológicos en una de las empresas clave para todo México. Rosario es profesora investigadora, y me atrevo a pensar que un día será la directora de la ENCB. Si alguien en los dosmiles nos viera, pintándonos la cara con sharpies, comiendo entre clases, haciendo bromas a diestra y siniestra, vistiendo como vestíamos (dios mio, como vestíamos), dudo que alguien creería que hoy estamos donde estamos. Y eso es una gran lección que podríamos extrapolar a muchas más personas en México y en el mundo.

La mayoría de las personas con deseos de superación, nos volvemos más exigentes, porque probamos mejores comidas, mejores lugares, mejores experiencias. Es difícil volver al lugar de origen sin pensar lo bien que podríamos estar en nuestro lugar favorito, comiendo el platillo que más nos gusta, en compañía de las personas que más apreciamos.


Al volver a México en 2022, las comparaciones son inevitables, aquí hay esto, allá no, aquí el metro es barato, allá no, un sinfín de diferencias, pero hay un conjunto de cosas que no cambian, no importa cuan exigente te vuelvas.


Vivo feliz en el reino unido, pero mi lugar favorito es la casita en la montaña de San Miguel Cerezo en el estado de Hidalgo, mi platillo favorito es el pozole rojo, y la mejor compañía siempre va a ser ese cuarteto de idiotas al que llamo amigos.


Hay un mito popular que dice que todas tus células, neuronas incluidas, recambian su composición y aproximadamente cada siete años somos, por lo menos a nivel molecular, personas completamente distintas.


Cual barcas de Teseo; Arturo, Rosario, Claudia y yo habríamos pasado por tres iteraciones de nosotros mismos a lo largo de todo este tiempo.


Sartre dijo que la existencia precede a la esencia. Mis amigos y yo, aunque somos una versión mejorada de lo que alguna vez fuimos, cada que coincidimos, volvemos a ser ese grupo de jóvenes que se divertían en clase.


Alejandra me contó en nuestra única cita, que parte del crecimiento personal implica aceptar que las relaciones pueden ser temporales, las amistades no son la excepción. Eso no impide que a al vernos, pese a estar en la tercera iteración, Arturo, Chayo, Claudia y yo, volvamos a ser nuestra versión original pero mejorada. Contamos las mismas historias, reímos de las mismas bromas, pero somos personas distintas.


De los dosmiles para acá fuimos mejorando como personas, y en buena parte nuestra relación como amigos es causa y consecuencia de esa mejora continua.


Puedo decir con mucha tranquilidad que los cuatro hemos madurado de forma estupenda, como un buen vino.


En línea con lo que Alejandra me dijo, parte del crecimiento radica en aceptar la temporalidad de las relaciones. Si un día por nuestro propio recambio molecular nos convertimos en personas que no funcionamos más como amigos, sabemos que tendremos la suficiente entereza de aceptarlo, de hablarlo e incluso de poder decirnos adiós. Pero en tanto eso no pase, tendremos a mano una copa de aquél vino que fermentamos en nuestra clase de microbiología industrial, ese que nos saca tanta risa, tanta alegría, ese vino que sólo es de nosotros y para nosotros, ese nuestro vino cosecha 2006.

Comments

Popular posts from this blog

Panama!

Sleepless in Seattle New Jersey The day before, all of us were busy with activities from our main jobs, we know the cab is picking us up from Cambridge and they will take us to the airport. Focus We think to ourselves because everyone is doing their part. UKHSA arranged the logistics, Cambridge Bioinformatics Training prepared the course materials, and us trainers covered said materials to make sure everything ran as intended. But we still tickle because of the trip, we still have some hesitation as to how much we actually know, mentally preparing for all the potential questions the participants have for us. Pack your bags, go to sleep, bring a book, make sure you get some rest, tomorrow, tomorrow will be a great day. The cab takes us (Carolin, Chandra and I) to Heathrow, checking-in, security check, passport control and boarding, business as usual. We fly for eight hours, the flight takes its toll but we still put a smile on our faces because today, today we'll do our part to mak...

Life (re)starts at 40

Christmas break 2023 By the end of September I asked my friend Jan to take me some place nice, some place I can get closure, some place I can leave all my demons behind. Jan suggested going hiking in Slovakia, I didn't think it twice. I booked my plane tickets to Czechia, requested days off at work, got some mountaineering equipment, and got ready for a life-changing adventure. The Prague astronomical clock is a medieval astronomical clock attached to the Old Town Hall in Praha. It was first installed in 1410, making it the third-oldest astronomical clock in the world and the oldest clock still in operation. On August 2023, I took my parents to Paris, and despite the city itself is objectively gorgeous, I found it disgusting in many ways. Praha has a similar style, but it feels completely different. It feels sober, clean, impressive, enlightened, old but modern, housing the cultural centre of central Europe for many years throughout its history. Walking the streets of Praha during ...

Dancing club

Victor Flores López was born in Hidalgo on July 28, 1956 in a poor family where all the members of the family had to be jacks-of-all-trades. He had always been the black sheep of the family, but that didn't stop him from being a good person. In 1964 his family left the state of Hidalgo to settle in Ecatepec in the State of Mexico. Don Herón, the head of the family, always hard-working and charismatic, despite his violent nature, was an important figure in the Santa Clara neighbourhood. My uncles and grandfather built many things: schools, houses, roads, to the extent that Santa Clara belonged to them, so much as they belonged to Santa Clara, despite them coming from a different state. Irma López Ramírez was born in the state of Mexico on November 10, 1959. Also from a poor family where all the members had to be jacks-of-all-trades. She was the eldest sister and from a very young age she had to mature prematurely and become the unofficial pillar of her family. Don Rogelio mad...