Las islas Maldivas son un archipiélago en el océano Índico, tienen cimientos de coral, con una elevación promedio de 1.5 metros sobre el nivel del mar. El cambio climático y el creciente nivel del mar harán que en un periodo relativamente corto las islas sean inhabitables y eventualmente serán engullidas por el creciente mar. Pensar en la desaparición geográfica de una nación entera es inevitablemente triste.
Los demás países tenemos la opción de no combatir el cambio climático y permanecer irónicamente hundidos en los mares de burocracia de nuestras políticas ambientales. Las Maldivas no tienen opción, o combaten el cambio climático o desaparecen. Cuando las Maldivas sean inhabitables, el éxodo comenzará, y al paso del tiempo la identidad de los maldivos será incorporado en las identidades de las naciones que den asilo a los refugiados.
Los pueblos indígenas de México sufren constantemente una discriminación que los orilla a establecerse en sus propias comunidades en donde poco a poco adoptan nuevas tecnologías, costumbres y productos, pero sus tradiciones prevalecen a través de los años por comunicación oral y a veces escrita. Aunque nos cueste aceptarlo, las civilizaciones van y vienen, dejando un legado al margen de la benevolencia de los conquistadores que permiten conservar aquello que consideran digno de conservarse.
En muchos casos los conquistadores mantienen el legado porque deshacerse de los artefactos y estructuras implica un esfuerzo inútil. Los españoles edificaron sobre ciudades mexicas, porque pudieron hacerlo, pero derribar los centros ceremoniales de Teotihuacán, Chichén Itzá o Palenque, era demasiado esfuerzo, y peor aún, traía muy poca o nula recompensa.
Es difícil pensar como es que los lenguajes de los pueblos indígenas de México han mostrado resiliencia, y aún en nuestros días, hay centros de aprendizaje de idiomas que cuentan con cursos de náhuatl y de maya.
Siempre admiré las culturas prehispánicas por sus edificaciones, sus jeroglíficos, sus sistemas astronómicos y matemáticos, pero en mi limitado conocimiento, esas culturas eran cosa del pasado.
Los conquistadores deciden cuales fragmentos del legado de una cultura van a permanecer, y también deciden cuales aspectos de una cultura se van a ensuciar. Por ejemplo, el pulque era una bebida popular, pero los productores de cerveza, divulgaron la idea de que para producir pulque se usaba caca de tlacuache. Nadie quiere excremento de tlacuache en su bebida, así sea un rumor falso, los ganadores de esta batalla chusca fueron desde luego los productores de cerveza.
Si nos vamos más para atrás, los conquistadores españoles se encargaron de que perpetuáramos la idea de que los habitantes del México prehispánico eran tribus barbáricas, siempre con la duda razonable de que quizá hayan sido tribus barbáricas. La leyenda cuenta que la receta original del pozole incluía carne humana, la cual era obtenida a partir de criminales y prisioneros de guerra, capturados por una de las
civilizaciones más aguerridas del México prehispánico: los Mexicas. A menos que podamos viajar en el tiempo, no podemos comprobar si la receta original incluía humano o no.
Actualmente hay cientos de pueblos indígenas en México, y hay una lucha incesante por propios y extraños para mantener las principales características de dichas culturas: sus costumbres y sus lenguajes.
Así como siempre admiré las culturas prehispánicas, también estaba en paz con que dichas culturas fueran cosa del pasado.
Conserva el lenguaje, conserva la mitología, conserva el folclore, conserva el conocimiento... las costumbres, esas son harina de otro costal.
El conflicto principal que tengo y tendré con la perpetuación de las culturas prehispánicas es que muchas de sus costumbres pueden ser anticuadas, o incluso nocivas.
En la mayoría de las culturas indígenas prevalecen las dinámicas de poder en donde los hombres adultos son los encargados de tomar las decisiones colectivas, mientras que el resto de los miembros de dichos pueblos no pueden sino admitir que su autonomía es inexistente, su voz es inaudible y su existencia se vuelve cada vez más invisible.
Sara me invitó a una demostración cultural en el Centro de Lenguas Extranjeras del Instituto Politécnico Nacional. En dicha muestra habría comida, poesía, canto, literatura y bailes prehispánicos, presentados por los alumnos del centro de lenguas extranjeras. Íbamos a echarle porras a Sabina, una mujer afroamericana con raíces polifiléticas. Ella aún batallaba con el español y estaba aprendiendo Náhuatl. Decidió presentar el siguiente poema:
Madre mía, cuando me muera |
Nonantzin ihcuac nimiquiz, |
entiérrame junto a tu hoguera |
motlecuilpan xinechtoca |
y cuando vayas a hacer las tortillas, |
huan cuac tiaz titlaxcal chihuaz, |
ahí llora por mí. |
ompa nopampa xichoca. |
Y si alguien te preguntara: |
Huan tla acah mitztlah tlaniz: |
- Señora, ¿por qué lloras? |
-Zoapille, ¿tleca tichoca? |
Dile que está muy verde la leña |
xiquilhui xoxouhqui in cuahuitl, |
y te hace llorar con tanto humo. |
techochcti ica popoca. |
Un poema hermoso, sin duda
Al terminar el recital, la demostración gastronómica y la sesión de danza, regresamos al departamento de Sara. Disfruté el evento cultural, pero también tenía presente que en otros lugares del país, habría individuos hablando el mismo lenguaje, comiendo los mismos platillos, realizando las mismas danzas. Esos mismos individuos serían los que venden mujeres menores de edad, que otorgan a sus hijas en matrimonios arreglados en donde el padrino de bodas tiene el derecho, si no la obligación, de tener sexo no consensuado con las novias que ni bien llegaban a la mayoría de edad. Esos mismos individuos son los que viven en pueblos en donde es perfectamente normal matar al vecino, en venganza porque el vecino mató primero. Estos mismos individuos son los que viven en sitios en donde la policía no opera porque las leyes locales no lo permiten, y en vez, un consejo de ciudadanos (varones adultos) hacen justicia como mejor les parezca.
Las maldivas no tienen opción, eventualmente su legado sería literalmente arrasado por el mar. En México la cosa es distinta, nos esforzamos por mantener vivas nuestras culturas, y está bien, la riqueza que aportan en forma de idiomas, literatura, mitología, folclore, música y comida, es inmensurablemente grande.
Sin embargo, mantener vivas nuestras culturas también involucra mantener vivas las tradiciones, buenas y malas, al final, la identidad cultural es una mezcla indisoluble de tradiciones, lenguajes, arte, mitología y folclore.
De a poco los pueblos indígenas han ido adoptando políticas más equitativas: en Ocotequila las mujeres ya están ejerciendo su derecho al voto, no sin antes ganarse discriminación en su comunidad, así como unas cuantas amenazas de muerte.
Quizá en México podamos aprender a integrar los idiomas de las culturas indígenas, conociendo y difundiendo sus creencias, sin que ello signifique perpetuar las costumbres que son dañinas para las que no tienen voz, ni voto, ni visibilidad.
Aún a la distancia la leña sigue muy verde, y si me preguntan, pensar en muchas de las cosas que pasan en México si me ha hecho llorar en más de una ocasión.
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