Los miembros de la familia Flores López no se cuecen al primer hervor, a final de cuentas habían estado toda su vida en Ecatepec, el municipio violento por excelencia.
Asalto a mano armada? Checked
Estafas? Checked
Extorsión? Checked
Trabajar en la tienda de abarrotes implicaba mucho más que estar catorce horas al día atendiendo gente. Implicaba estar juntos como familia, pero más bien como colaboradores, implicaba que cualquiera que fuera tu estado de ánimo, tenías que sonreírle a tus clientes, y tener buen humor con tu compañero de labores.
El contexto de lo complejas que podían ser las dinámicas en la tienda incluía los problemas individuales de cada integrante de la familia: un vato hundido en deudas -yo merengues-, problemas de salud en tres de cuatro miembros, la escuela, los egos, las expectativas autoimpuestas y heredadas, la dependencia económica hacía la tienda y la incertidumbre asociada al futuro.
En fin, la familia no explotaba más seguido porque por dentro, cada uno sabía que como equipo se trabaja mejor que de forma individual.
Antonio quería continuar en la tienda, pese a que actualmente tiene un buen trabajo como geólogo. Irma y Victor se veían en la tienda, aunque ahora viven tranquilos en su retiro. A mi nunca me gustó mucho la tienda pero le respetaba y admiraba, le daba su lugar y hasta cierto punto le tenía cariño.
Cuando dejamos la tienda atrás nuestras vidas cambiaron significativamente, mayoritariamente para bien y quizá lo mismo podría decirse de la tienda. Los nuevos dueños la tienen bien surtida y venden cosas que nosotros no, eso si, los vecinos ocasionalmente mencionaban que extrañaban la familiaridad con la que nosotros les atendíamos.
Dejar atrás la tienda también implicó dejar de preocuparse por un montón de cosas, ya no más levantarse a las 7 am en sábado, ya no más malpasarse sin comer a las horas adecuadas, vamos, incluso había tiempo para comer en familia, como hacía muchos años no lo hacíamos.
Eventualmente también nos olvidamos del hoyo en el que vivíamos. La ansiedad asociada a la inseguridad en nuestra colonia, funciona un poco como un sistema inmunitario, o como nuestra respuesta de pelea o huida: Teniendo al peligro constantemente cerca, una nueva instancia de un delito es sólo eso, un delito. Tu cabeza ya está preparada para ponerse alerta, para evitar el peligro y para seguir adelante. Y tal cómo pasa con un sistema inmunitario, si no se estimula, pierde defensas.
Al no depender de la tienda, y con las restricciones de la pandemia, la casa familiar se vuelve una fortaleza que nos protege de todo mal, el crimen se vuelve intangible aunque veas las noticias, cierras los ojos y tienes cierta tranquilidad de que todo va a estar bien… O al menos eso era lo que a Irma y Victor les gustaba creer, aunque sabían que no era del todo cierto.
Cuando fui a visitar a Diana, tomé el coche familiar pensando inocentemente que el tráfico de la ciudad de México sería benévolo conmigo. Aquella vez llegué diez minutos tarde y en vez de llegar directo a la casa familiar, decidí alcanzar a mis padres en el club de danzón.
Mi papá no lucía contento, mi mamá estaba notablemente alterada, claramente no era por el retraso que tuve. De a poco me explicaron que esa vez al no tener el coche a mano decidieron irse a pie, y lamentablemente les tocó presenciar una balacera, a plena luz de día, a inicio de semana en una de las calles principales de Santa Clara. Al tiempo se supo que era esencialmente un cobro de una cuenta pendiente entre los narcotraficantes locales, uno de ellos decide no entregar las cuentas del mes y la solución es, sencillamente matarle.
Santa Clara en un principio era un pueblito con muy pocos habitantes, pero por influencia de lo atractivo que es la ciudad de México, comenzó a captar pobladores de estados aledaños.
Santa Clara tuvo gran afluencia de pobladores de la Ciudad de México que quedaron despojados de sus viviendas tras el sismo de 1985.
La industrialización ayudó a que quienes llegaran pudieran prosperar económicamente, al grado que era relativamente común que gente con un salario ligeramente superior al mínimo pudieran tener una casita y mantener a una familia sin mayor problema. La vida pudo no haber sido fácil pero nunca fue particularmente difícil.
Nos guste o no, a muchos mexicanos les gusta romantizar la pobreza, les gusta tener la nobleza asociada a pertenecer a estratos sociales bajos y a no caer en los vicios que son tradicionalmente asociados a las personas adineradas.
La sobre población, la falta de oportunidades, el ambiente de apatía y de conformismo asociado a que Santa Clara era un sitio cómodo, trajo consigo que la población entrara en una etapa en donde pocos progresaban, y los que lo hacían, era o porque trabajaban macizo o porque tuvieron mucha suerte o porque andaban en malos pasos.
Admitidamente, hace años era fiel creyente de la mentalidad errónea de que el pobre es pobre porque quiere, la evidencia que tenía a favor era apabullante.
Mis vecinos tuvieron oportunidades de progresar, las cuales dejaron pasar por estar cómodos en Santa Clara, prefiriendo gastar la poca lana que tenían, en cerveza y comida chatarra, en vez de, no sé, alimentar adecuadamente a sus hijos.
Actualmente entiendo que mantenerse pobre es sumamente complejo, que hay mil razones por las cuales las personas dejamos pasar oportunidades de cualquier tipo.
Alguna vez, yendo a consulta médica, mi papá me contaba -mientras señalaba un concurrido puesto de comida- que ahí era el punto de reunión de los narco menudistas locales. Era una sensación extraña pensar en la familiaridad con la que se sabía que ahí se reunían los dealers, incluso a sabiendas de que la policía pasaba por ahí, y más increíble aún, que comieran regularmente en el mismo sitio, al mismo tiempo.
Cuando me vino la idea de documentar mi visita a México pensé en incluir fotos en cada capítulo para cerrar cada historia, pero para esta historia valdría más añadir la canción Thela Hun Ginjeet de la banda británica King Crimson de su album Discipline de 1981.
Si no la han escuchado, dejen de leer inmediatamente, abran Spotify, pongan el Discipline y regresen en 37 minutos.
Les espero.
En la canción mencionada (la cual es un anagrama de heat in the jungle), Adrian Belew describe su experiencia cuando estaba grabando un video documental de la vida criminal.
And it's just about New York City, it's about crime in the streets
Al hacer esto, un par de rastafaris en London se le acercan creyendo que se trataba de un policia:
So, suddenly, these two guys appear in front of me
They stopped
Real aggressive
Stared at me, you know
"W-what's that? What's that on that tape?"
"Yeah, what do you got there?"
Después de una interminable conversación, los rastafaris lo dejan ir, Adrian, asustado y temblando, continua describiendo su experiencia que termina de forma irónica:
And I thought, "This is a dangerous place" once again, you know
Who should appear but two policemen?
La canción es sin duda una de mis favoritas, y es una de muchas razones por las que escribí esta colección de ensayos.
Volviendo a la desastrosa tarde en la que llegué diez minutos tarde a Santa Clara, una cosa era tener una idea más o menos clara acerca de como funciona el crimen en México, y otra muy distinta era presenciar un asesinato a metros de distancia, un asesinato que era causa y consecuencia del ambiente que imperaba en la colonia y en el municipio.
Tras el susto sólo quedaba confiar en el sistema inmunitario, en la respuesta de pelea o huida, ponerse alerta, evitar el peligro y seguir adelante.
La clase de danzón siguió, en parte para alejar la mente de malos pensamientos, en parte porque el show debía continuar y, en parte porque tan crudo como suene, ese asesinato era solamente un caso más de entre los aproximadamente 80 asesinatos diarios que se cometen en todo el país.
Algunos vecinos conocían al ahora difunto, quizá tendría familia, amigos, pasatiempos, quizá hasta tenía un jardín en su casa... quizá no. Quizá era un usuario de drogas duras, quizá era un macho como tantos que abusaba física y mentalmente de su morra, nada de eso importaba ahora.
Mañana, alguien más cubriría su lugar, vendería su mercancía y quizá se pondría las pilas para entregar cuentas claras con sus jefes.
This is a dangerous place you know
Semanas más tarde, Irma, Victor y yo nos preparamos para ir a visitar a Antonio en Playa del Carmen, quería ver a mi hermano, mi mejor amigo. Por esos entonces pasaba mucho tiempo con Sara, y antes del viaje estaba en su departamento, en la no menos peligrosa delegación Gustavo A. Madero. Aquella vez regresaría a Santa Clara a preparar la maleta, algo pequeño, unas playera, ropa de nadar, bermudas.
La llamada entrante de mi mamá en un notorio estado de alteración me sacó mucho de onda, no vengas me dijo, y acordamos vernos en el aeropuerto en vez de partir de la casa.
No era para menos, las cosas seguían calientes con los narco menudistas locales, quienes esta vez llevaron las cosas más lejos, volcaron un coche, el cual usaron como barricada en una balacera que duró cerca de veinte minutos.
Mi papá salio a pasear a los perros, ni bien había llegado a la esquina cuando todo comenzó, en el mismo sitio que la balacera anterior, probablemente perpetrada por los mismos traficantes y posiblemente por los mismos motivos.
Por más que busqué la noticia en redes sociales y en portales informativos, no hubo cobertura, sólo algunos vecinos hablando de las razones por las que se habría dado la balacera.
Nadie reclamó el coche destrozado, y nadie haría mucho por cambiar la situación. Si hubo muertos no lo sé, si los hubo serían parte de los ochenta y cuantos que se acumulan día con día.
Me da mucha tristeza escribir acerca de ello porque si bien en el gran panorama de las cosas somos insignificantes, en nuestros micro ambientes podemos ser importantes para nuestros seres queridos, nuestros amigos, nuestros alumnos y profesores, y así, en un abrir y cerrar de ojos, alguien toma un arma y decide acabar con la vida de alguien que es importantísimo y especial para alguien más.
Aquella vez ya no fui a mi casa, en vez alcancé a mis padres en el aeropuerto, mi mamá seguía alterada.
Las vacaciones en Playa del Carmen servirían para despejarnos, olvidar lo que había pasado, para pasar tiempo como familia, para echar una chelita con mi papá y con mi carnal, fumarnos un cigarro y disfrutar de lo que México nos podía ofrecer.
México es un ente complicado, es horrible, es el sitio en donde mueren asesinadas más de ochenta personas diariamente, en donde cometer crímenes de cualquier tipo es relativamente fácil porque las autoridades son entendiblemente (más no justificadamente) inútiles cuando menos, corruptas cuando más.
México es el sitio en donde puedes falsificar una tesis y llegar a ocupar puestos en el gobierno lamiéndole los huevos a las personas adecuadas, en donde el que no tranza no avanza, en donde puedes presenciar dos balaceras a metros de distancia con menos de tres semanas de separación.
México es un ente complicado, es hermoso, con playas que invitan simultáneamente a la introspección y a fiestear durísimo, montañas que albergan senderos místicos, ríos subterráneos que te permiten nadar entre estalactitas y estalagmitas pasando por los mismos sitios que nuestros ancestros frecuentaban.
México es el sitio donde encuentras banda bien chingona haciendo cosas increíbles por la salud, la economía, la ciencia, la educación.
México es una jungla, literal y figuradamente, y al calor de la jungla es que pasan las cosas más chidas y más horribles en el país que tanta fascinación me causa.
Oh it is a dangerous place
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